Saturday, November 17, 2007

El día en que la ICAR autorizó la tortura mediante una bula



EL PAPA AUTORIZA LA TORTURA Y LA MUERTE EN LA HOGUERA
DE LOS CRISTIANOS DISIDENTES


Ad extirpanda

La bula Ad extirpanda, fue promulgada por el papa Inocencio IV
el 15 de mayo de 1252, siendo posteriormente confirmada por Alejandro IV el 30 de noviembre de 1259, y por Clemente IV el 3 de noviembre de 1265.
En ella se decretaba que la herejía era una razón de Estado y autorizaba a la Inquisición el uso de la tortura como medio legítimo para obtener la confesión de los herejes.

Que horror !

Decretando además la pena de muerte en la hoguera para aquellos que recayeran en sus ideas o prácticas heréticas.
Esta bula concedió al Estado una parte de los bienes confiscados a los herejes hallados culpables.

.
Que triste
cuando una iglesia llamada cristiana atropella los derechos del hombre
Ësta siniestra bula papal causo el horror y la muerte de miles de seres humanos en su mayoría inocentes de lo que se les acusaba , todos ellos fueron víctimas de esta horrenda Bestia religiosa llamada la “santa iglesia católica romana”

BoteroAbstracto El arteMucho arteFotos inolvidablesGraficoObras maestrasGaleriasTindayaIsabel IIIndaloCatalanofobiaNacionalismosCatalanNizariesAntikitiraPilas BagdadAnisakis

Posted by isisdiosa99 at 14:14:31 | Permalink | No Comments »

La herejía de los Templarios, el librepensamiento

Esta semana los diarios del mundo se hicieron eco de la publicación del libro Processus contra Templarios que recoge los documentos, hasta ahora desconocidos por el público, del proceso seguido en el siglo XIV contra la entonces influyente Orden del Temple.

La obra, de 300 páginas, en una edición limitada de 800 ejemplares es el tercer volumen de la serie Exemplaria Praetiosa, –las colecciones más significativas del Archivo Secreto Vaticano– realizada en colaboración con la editorial Scrinium.

El libro recoge facsímiles de los pergaminos originales, las actas del proceso a los Templarios (28 de junio 1308-1311) custodiadas en el Archivo Secreto Vaticano; mientras en otro volumen se presenta por primera vez en edición crítica la trascripción de esas actas.

El volumen cuenta con una edición facsímil del pergamino de Chinon, que recoge la absolución del papa a los caballeros, en agosto de 1308. Debido a un error de catalogación, se consideraba perdido hasta que la investigadora italiana Barbara Frale lo encontró entres los miles de estantes de la Biblioteca y Archivos secretos del Vaticano en 2001.

La nueva edición se reproduce en pergamino sintético y cuenta con una copia del sello papal lacrado y un comentario erudito, y se presenta en una caja de cuero blando. El original mide medio metro de ancho y dos metros de largo. Cada ejemplar cuesta unos 5.900 euros. Ya se han reservas solicitudes de bibliotecas y coleccionistas de todo el mundo, según ha señalado a la BBC Rosy Fontana, portavoz de Scrinium, la editorial que gestiona las ventas.

Auge y caída del Temple

Fundada al calor de la I Cruzada, la orden del Temple fue el primer intento de establecer una entidad que incorporara tanto el factor monástico con el militar en su vocación espiritual. De ahí que recibiera el apoyo entusiasta de san Bernardo y que no pocos reyes incluidos monarcas de los reinos españoles la miraran con agrado y la favorecieran. Los templarios se convirtieron en un ejército eficacísimo en la lucha contra el Islam al igual que sucedería poco después con los Hospitalarios. Sin embargo, a diferencia de éstos que se ocupaban de enfermos, necesitados y heridos, no contaron con ningún énfasis en cuestiones relacionadas con el ejercicio de la caridad y no tardaron en entregarse a funciones de carácter bancario que casaban mal con su vocación de monjes soldados. Por si fuera poco, algunos de los caballeros templarios no tardaron en sentirse atraídos por corrientes gnósticas orientales manteniendo unas relaciones sospechosamente cordiales con grupos como la secta musulmana de los hashishim o asesinos. En qué medida esta suma de elementos inficionó a la orden es difícil de establecer.

Que perdió buena parte de su carga espiritual primigenia y que no pocas veces funcionó más como una entidad crediticia que espiritual es innegable. Cuestión aparte es que, efectivamente, fuera culpable de los cargos formulados contra ella en el proceso orquestado por Felipe el Hermoso. De hecho, cuando la orden fue disuelta y se procedió a juzgar a sus caballeros en otras partes del mundo por regla general obtuvieron sentencias absolutorias. En España, por ejemplo, ninguno de los monarcas se opuso al proceso y, por el contrario, se permitió que los legados papales lo llevaran a cabo sin interferencias. El resultado fue que no se dictó una sola condena en el ámbito de Castilla, Navarra, Portugal o Aragón. Incluso puede añadirse que aunque los templarios tenían la posibilidad de cobrar una pensión procedente de los fondos de la disuelta orden y retirarse, prefirieron integrarse en su mayoría en otras órdenes militares, lo que no sólo no chocó con objeciones sino que recibió un inmenso apoyo.

Aún más. Cuando antiguos templarios dieron origen a nuevas órdenes como la de Montesa la iniciativa fue acogida favorablemente tanto por las autoridades eclesiásticas como por las civiles. En términos generales, por lo tanto, la orden del Temple no se había visto contaminada por los hechos que se le imputaban y así se entendió en la época. En términos generales porque excepciones de enorme relevancia las hubo. Por ejemplo, un grupo de templarios franceses marchó a Escocia donde Roberto el Bruce se enfrentaba con los ingleses un episodio reflejado en parte por la película Braveheart y se puso a su servicio. El rey Roberto los acogió entusiasmado no en vano eran magníficos guerreros y quizá incluso llevaban consigo fondos salvados del expolio de la orden y los utilizó para vencer militarmente a los ingleses y conservar la independencia de Escocia.

La orden había cobrado una fuerza inusitada. Acumulaba riqueza y propiedades en Europa y Oriente Próximo e incluso puso en marcha un sistema bancario internacional a través del que financiaron la guerra de algunos monarcas. Con el fin de las Cruzadas, su poder y secretismo levantaron sospechas entre las potencias europeas.

Uno de los que recelaban más era Felipe IV. Los historiadores consideran que tenía deudas económicas con la orden y que lanzó las acusaciones de herejía con la intención de arrebatarles sus riquezas. En 1307, Roma abrió una investigación contra los Templarios para esclarecer qué había de cierto en aquel escándalo.

La investigación concluyó cinco años después que los Templarios no eran culpables de herejía, sino de delitos menores contra la ley de la Iglesia. De hecho, el papa Clemente V absolvió a la orden en 1308 y pensó reformarla.

Cargos dirigidos contra los Templarios
Una de las principales acusaciones contra los caballeros era la de que practicaban ritos de iniciación blasfemos que incluían escupir sobre la cruz. Las actas revelan, según la historiadora, que los caballeros incluían estos actos en su entrenamiento militar como un recurso de defensa en caso de ser capturados por los ejércitos musulmanes.

Otras acusaciones habituales contra los Templarios fueron la de desobedecer a la curia Romana, aproximarse al Islam y a la herejía cátara, practicar la sodomía y abogar por un reino teocrático en Europa, encarnado en un monarca que concentraría el poder celestial y el temporal. Tampoco se vio con buenos ojos que se rodearan del aura de ser los conservadores del Santo Grial. Esta faceta de los caballeros ha servido de base para numerosas leyendas y obras de ficción, como el best-seller El código Da Vinci, de Dan Brown, o las novelas de Peter Berling acerca de los herederos de linaje de Jesucristo.

Para empezar, fueron relativamente pocos los templarios ejecutados, aunque los sometieron a tormentos insoportables para que confesasen. No muchos ardieron en la hoguera, aunque no deje de causar impresión que todo un Gran Maestro como Jacobo de Molay fuese tostado lento en la Île de la Citê, a la sombra de la catedral de Notre Dame de París. Pero hubo más miles de templarios y solo quienes se negaron a confesar o se retractaron de sus confesiones murieron. Sin embargo, ¿qué validez podría atribuirse a unos testimonios arrancados mediante hierros al rojo y cepos? ¿Y qué pretendían que confesaran?

El crimen más grave que confesaron los caballeros fue la supuesta adoración de una estatuilla. En el capítulo se veneraba a un “Bafometo”, un símbolo. Dependiendo de la inspiración que proporcionaba la tortura de aquellos desdichados, podría tratarse de una cabeza de piedra o madera, con o sin barba, unas veces tenía pie, otras no. ¿De dónde se originaban estas patrañas? En el estricto secreto con que se reunía el capítulo, por ejemplo: en un principio, tal vez por motivos militares, pues se tenía un cuidado especial para que nadie sin autorización tuviese acceso a las sesiones. Este secretismo debió dar pie a toda suerte de oscuras supersticiones, que, como es natural, los enemigos de la Orden no tardarían en aprovechar.

La negación de la divinidad de Jesús y la acusación de escupir a la cruz formaban parte de los crímenes que más a menudo declaraban. Todas las demás acusaciones, como despilfarro de los bienes de la Orden, una cierta falta de escrúpulos en los negocios, mantenimiento en secreto de la regla, atribución de funciones propias de sacerdotes, resultaban ser exageraciones.

Viendo así, con el beneficio de la perspectiva que otorga el tiempo, lo que consta acerca de las confesiones de los Templarios no carece de imaginación. Todo aquello parece absurdo en relación a la idea de que eran devotos caballeros de Cristo y defensores del ideal cristiano; cuanto más los torturaban, más resaltaba esa divergencia.

Baphomet, ni ídolo, ni dios. Símbolo
En cualquier caso, el círculo interior de la Orden no escatimó esfuerzos en proteger sus conocimientos secretos. Un prestigioso especialista en estudios bíblicos, Hugo Schonfield, ha demostrado que los Templarios utilizaron el sistema de codificación llamado cifra Atbash.

Con independencia de lo que pueda significar, el hecho por sí solo revela que el interés de este círculo interno por guardar sus secretos era tan grande que recurrieron a los métodos más ingeniosos. Schonfield explica cómo al aplicar el código al nombre del misterioso ídolo de cabeza cortada, idolatrado por los Templarios, el Baphomet, resulta la palabra griega Sophia. Como ha escrito Graham Hancock en The Sign and The Seal, “significa sabiduría, nada más”, y este pleno sentido aporta un matiz muy diferente a toda la raison d’éter de los Templarios.

A simple vista, Baphomet parece el símbolo de un monstruo. Se encuentra de pie sobre un altar, posee cornamenta, senos de mujer y las partes sexuales de un hombre. A veces tiene la barba de un hombre, la melena, las garras de un león, las alas de un águila y las pezuñas de un toro. En el Tarot, esta imagen es asociada en un primer momento a toda clase de calamidades y se transforma en una figura monstruosa y aborrecible, más cuando a esta imagen se le otorga el nombre de “Lucifer”.

Entre los israelitas se había prohibido dar a las concepciones divinas un cuerpo de naturaleza humana o animal. Ante esto, solo se podían esculpir figuras jerárquicas como son los querubines, y otorgarles formas mixtas, es decir, cuerpos de animales con cabezas humanas, de águilas o de leones. Estas figuras no iban en contra de la creencia del pueblo israelita en Yahvé, ya que estos híbridos —que ante nuestra concepción pueden parecer monstruosos— eran concepciones increadas de la divinidad misma. Los israelitas no adoraban al toro. Adoraban la representación de un pensamiento, el cual no tenía ningún parecido a los seres creados.

El toro, el perro, el águila, el macho cabrío y el león son símbolos herméticos que han permanecido en la intimidad de la tradición de Egipto y de la India. El toro, en alquimia, simboliza la tierra o la sal de los filósofos que debe licuarse y ascender en la evaporación en el proceso de la sublimación —no en vano es asociado muchas veces con el alma—. El perro es el mercurio de los sabios o el fluido que resulta de la combinación del aire y el agua. El águila es símbolo del proceso de la purificación alquímica. Representa las nueve fases del opus, la fijación de lo volátil y la volatilización de lo fijo, es decir, el equilibrio, la purificación de los elementos mediante el fuego y la elevación de la naturaleza instintiva humana. El macho cabrío representa el fuego y es el símbolo de la generación. El león —del cual el Baphomet posee las garras y la melena— simboliza tanto el sol como el oro, cuando es rojo. También simboliza la sutilización de lo denso en el Solve et Coagula o la purificación del espíritu en oro.

La figura del Baphomet además tiene otras características. En su cabeza posee una cornamenta doble y en medio de ellas arde una antorcha de fuego dirigida a las alturas.

El nombre mismo de “cuerno” se encuentra vinculado a la raíz indoeuropea KRN, que significa “corona”, que es otra expresión simbólica de esta misma idea, pues esas dos palabras —en latín cornu y corona— están muy próximas entre sí. Es demasiado evidente que la corona es la insignia del poder y es la señal de una jerarquía elevada. Por otra parte, encontramos una primera relación con los cuernos en el hecho de que estos también están situados en la cabeza, lo cual da bien la idea de una elevación.

La corona era primitivamente un aro cornado de puntas en forma de rayos; y los cuernos, análogamente, se consideran como figuración de los rayos luminosos. Está claro, por lo demás, que los cuernos pueden asimilarse a armas, incluso en el sentido más literal, y también así ha podido vinculárseles una idea de fuerza o potencia, como, de hecho, ha sido siempre y en todas partes. Por otro lado, los rayos luminosos son adecuados como atributo de la potencia, ya sea, según los casos, sacerdotal o real, es decir, espiritual o temporal, pues la designan como una emanación o una delegación de la fuente u origen.

Como sabemos, el fuego es un símbolo esotérico y místico muy antiguo. Dentro de su significado todas las tradiciones, ya sean griegas, romanas, indias, celtas, germanas, escandinavas, indoeuropeas, concuerdan en un punto: el fuego es el vehículo de la unión con la divinidad. El fuego es el símbolo del alma en perpetua sed de reintegración, es la síntesis de las transformaciones de los otros tres elementos —tierra, agua y aire—. El fuego se relaciona con el corazón, y también se identifica con el Sol, el vehículo de la luz que es propiamente el símbolo del alma. Es ahora fácil saber cuál es la verdad tras el mito del sabath, de las brujas de la Edad Media, un rito en torno al fuego. Sin duda, se trata de monstruosidades que fácilmente entran en la mente de la ignorancia y la mala interpretación.

La antorcha del Baphomet que resplandece entre sus cuernos es la dimensión instintiva del ser humano, elevada por encima de la materialidad. Extiende sus brazos, uno hacia lo alto y el otro hacia abajo. En ambos casos, sus manos realizan el signo esotérico universal. Ante su brazo en alto aparece una luna blanca y ante su brazo bajo, una luna negra. Este signo es el símbolo de la armonía de los contrarios, del equilibrio entre la dualidad, entre el masculino-femenino, el principio activo-pasivo, etc. Finalmente, nos recuerda que nos encontramos en este mundo con el fin de sintetizar en el ternario el equilibrio de los opuestos de la vida. Este símbolo también se corrobora en torno a las serpientes que rodean el caduceo. En ello debe verse una alusión a dos fuerzas o corrientes inversas que están respectivamente relacionadas con los dos polos. Estos polos representan una fuerza doble y opuesta en apariencia, pero que en realidad son una sola en su punto de emanación. Finalmente, lo aparentemente opuesto es uno en su punto de origen.

Baphomet en los Templarios
En algunos artículos relacionados con las acusaciones a los Templarios por parte del papado, podemos observar que se hace referencia a un culto ligado a una cabeza humana. En algunas iconografías se observan cabezas con tres caras o una sola. Estas eran fabricadas de madera o de metal y muestran rostros de aspecto bondadoso o malvado y de diferentes colores, barbudos o lampiños.

La cabeza de triple rostro formaba parte de un complejo sistema de iniciaciones practicado por los Templarios, iniciaciones que denotan un amplio conocimiento de la cábala hebrea.

Para los Templarios, la cabeza poseía una gran importancia como símbolo de la regeneración iniciática, el sacrificio —que recordemos, es una palabra que tiene su raíz en el latín Sacrum Facere, que significa hacer sagrado, o bien hacer pasar un objeto o símbolo al plano divino, lo cual implica una elevación—. Por lo anterior, hablamos de una cabeza que simboliza la comunión humana con la divinidad. Finalmente y desde tiempos inmemoriales, la tradición primordial vinculada al simbolismo de la cabeza se encuentra íntimamente relacionada con la inmortalidad, el corazón, el receptáculo, el caldero o el Santo Grial.

La cabeza es el receptáculo de una energía para muchos misteriosa, ya que de ella emana la luz, el aura o la conocida aureola. Este símbolo implica la vinculación del ser humano con la divinidad y al mismo tiempo establece una cadena de unión indisoluble entre el mundo visible y el mundo invisible.

El Baphomet simboliza la cabeza del anciano o la sabiduría, el chokmak hebreo. La cábala lo identifica con el Adán kadmon u hombre celestial. Es el anciano que está constituido por tres cabezas, que son en realidad una sola y que tiene el atributo de la sabiduría. La cabeza de anciano es triple y alude a la perfección del ternario y al significado de las tres letras madres del alfabeto hebreo. Estas letras son el fundamento de la cábala YHV, las cuales se entrelazan en la palabra YAHVÉ, y nos hace pensar que los Templarios tenían dominio sobre la sabiduría de la cábala. Así, Baphomet no era un dios ni un ídolo, era un símbolo.

La figura del sabio se identifica con “El Ermitaño” del Tarot, el cual nos enseña sobre la necesidad de ocultar la búsqueda interior, ya que es en la prudencia donde se revelan los misterios y las experiencias místicas. No sin razón, muchas veces se denomina al ermitaño como “La lámpara velada”.

He aquí la esfinge del terror de la Edad Media, la imagen monstruosa que la Inquisición más temía y por la cual encendió hogueras de inocentes por toda europea y América. Aquí esta el Satán que no existe más que en la ignorancia de los hombres, el símbolo de la estrella de Salomón dividida en dos triángulos y que se transformó en la más absurda de las supersticiones, cuando en realidad solo representaba la dualidad y la reintegración.

Posted by isisdiosa99 at 14:12:21 | Permalink | Comments (1) »

QUE ES UNA HEREJIA

Herejía: es una doctrina que se opone inmediata, directa y contradictoriamente a la verdad revelada por Dios y propuesta auténticamente como tal por la Iglesia.

La palabra “herejía” proviene de la lengua griega y encierra el concepto de error, desviación o enseñanzas de doctrinas que van contra un programa de fe, ya estructurado, o bien sometido a examen y finalmente aprobado con una definición de base inmutable. Desde el tiempo de los apóstoles abundaron las herejías: unas negaban la divinidad de Jesucristo, otras su humanidad y otras amalgamaban la doctrina cristiana con otras religiones, etc.

Durante toda la época de las persecuciones oficiales surgieron herejías, la mayoría provenían de los mismos cristianos descontentos y algunas de los paganos.

Apenas terminadas las persecuciones a principios del siglo IV, la Iglesia, como institución, gozó oficialmente de plena libertad y fue, entonces, cuando aparecieron las llamadas grandes herejías; las llamaron grandes por la extensión que cubrieron a lo largo y ancho del imperio romano, que paulatinamente iba cristianizándose, y también por el número de sus seguidores que se enrolaban en sus filas, sin excluir sacerdotes y obispos.

El acto de herejía es un juicio erróneo de la inteligencia. Si el juicio erróneo no se refiere a la regla de la fe, sino al objeto material de la fe, no se trata de actos de herejía.

El hereje ha sido definido así en el código del Derecho Canónico: “Si alguien después de haber recibido el bautismo, aun conservando el nombre de cristiano, niega con obstinación o pone en duda algunas de las verdades de la fe divina que hay que creer, este católico es hereje”.

Los castigos que recaen sobre los herejes están expuestos en el mismo Código:

“Todos los que apostatan la fe cristiana, todos los herejes y cismáticos y cada uno de ellos:

1) Incurren por el hecho mismo en la excomunión.

2) Si no se arrepienten después de una advertencia, serán privados de todos los beneficios, dignidades, pensiones, oficios u otros cargos que tuvieran en la Iglesia. Serán declarados infames, y los clérigos, después de una segunda amonestación canónica, son, por sólo este hecho, tachados de infamia, etc.; los clérigos, después de una segunda amonestación canónica sin ningún resultado, serán degradados”.

La absolución a los herejes provoca dificultades por razón del rito. El Código resume brevemente las disposiciones de la disciplina canónica: “La absolución de la excomunión está reservada de una manera especial a la Sede apostólica…El pecador así absuelto puede después recibir el perdón de su pecado de un confesor cualquiera. La abjuración está considerada como jurídicamente hecha cuando tiene lugar ante el ordinario del lugar o su delegado y por lo menos ante dos testigos”.

Grande es la diferencia entre herejía, que es una recusación de la doctrina católica, y el cisma, que es una rebelión contra la unidad de la Iglesia.

Algunas herejías:

Docetismo

Ebionismo

Mandeísmo

Gnosticismo

Monoarquismo

Maniqueísmo

Los cátaros y albingenses

Montanismo

Arrianismo y semiarrianismo

Macedonianismo

Nestorianismo, monofisismo y monotelismo

Los Valdenses

Posted by isisdiosa99 at 14:08:42 | Permalink | No Comments »

Thursday, March 29, 2007

Los Templarios no eran herejes: la iglesia los rehabilita siete siglos después

Artículo Original Aqui

El anuncio que hizo ayer el Vaticano de publicar “Processus contra templarios”, con las actas del proceso de la Inquisición contra esta orden, a principios del siglo XIV, ha devuelto protagonismo a los Caballeros del Templo, su supuesta existencia a ctual en la clandestinidad y su ulitmatum a Benedicto XVI poco después de ser elegido para que la Iglesia los rehabilitara antes del séptimo centenario de su proceso, que se cumple este 13 de octubre.

Precisamente, el historiador medievalista Franco Cardini, que participará en la presentación de las 799 fieles y exclusivas reproducciones de las actas del proceso, ha declarado al diario La Stampa que “la prerrogativa del papa (Clemente V) era la de disolver la orden, pero nunca la condenó” y añadió que el documento sobre el que se basa el volumen, el “Foglio di Chinon”, “testimonia que el Pontífice no la consideraba herética”. Agregó que las condenas por herejía de la época “se fundan en las confesiones de algunos templarios, de las que después se retractaron”. Cardini precisó que, por ese motivo, se les consideró reincidentes “en el error por el que habían sido procesados y condenados”.

Es decir, que Cardini -de forma indirecta- cumple la exigencia del Temple clandestino diez días antes de que cumpla su ultimatum a la Santa Sede.

Cardini publicará también estos días el libro “La tradizione templare” (La tradición templaria). Según el diario “La Stampa,” el libro de Cardini “rehace la historia de la Orden (templaria), sin descuidar las reconstrucciones de ‘El Código Da Vinci’”, el reciente éxito editorial, donde los misterios de estos caballeros medievales son parte del argumento.

La localidad de Soveria Mannelli, en la región de Calabria, acogerá un congreso donde historiadores y entendidos expondrán los avances en sus investigaciones sobre esta orden.

ACTAS ÍNTEGRAS DEL ‘PROCESSUS’

El próximo 25 de octubre se presentará en la antigua Aula del Sínodo, en el Vaticano, “Processus contra Templarios”, una obra del Archivo Secreto Vaticano dedicada a los templarios, la orden medieval de carácter religioso y militar, fundada en Jerusalén en 1118 y suprimida por el pontífice Clemente V en 1312.

Según un comunicado hecho público ayer por la tarde, se trata de “una edición inédita y exclusiva de las actas integrales del antiguo proceso a los Caballeros del Templo. Este proyecto, único en el mundo, es una edición limitada a 799 ejemplares, que contiene la reproducción fiel de los originales en pergamino que se conservan en el Archivo Secreto Vaticano”. La obra se enmarca en la serie “Exemplaria Praetiosa” (Ejemeplares Preciosos).

Participarán en la presentación el arzobispo Raffaele Farina, S.D.B., Archivero y Bibliotecario de la Santa Iglesia Romana, el obispo Sergio Pagano, prefecto del Archivo Secreto Vaticano, y expertos como el historiador Franco Cardini y el arqueólogo y escritor Valerio Massimo Manfredi. Cardini adelanta que la edición limitada del volumen “contiene los últimos documentos publicados sobre el asunto, con el pergamino original”, que una investigadora de los Archivos Secretos Vaticanos encontró en 2001.

Existe la idea no confirmada de que los templarios habrían solicitado a Benedicto XVI tras su coronación que se revisara su condena, se pidiera perdón por la injusticia, y se les rehabilitara en el seno de la Iglesia. El rumor añadía que en caso contrario, el Temple clandestino daría a conocer secretos que harían tambalearse al Vaticano.

La publicación de las actas del proceso por parte del Vaticano puede entenderse como una forma de asumir las presuntas irregularidades que se cometieron en su condena. Habrá que ver qué es exactamente lo que se publica. Y de qué forma es presentado.

¿SERÁN REHABILITADOS?

En mayo de 2006 la Santa Sede aseguró que era falsa una supuesta carta del cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado, en la que se reconocería una Orden del Temple de la que formarían parte nuevos Templarios. El falso documento había circulado en los últimos meses en Alemania y asegura el reconocimiento vaticano de esta nueva orden de caballeros que en alemán lleva el nombre de «Templerorden». Por este motivo, la Santa Sede ha recibido numerosas consultas.

La respuesta ha llegado con nota publicada el 21 de mayo por «L’Osservatore Romano» en la edición diaria italiana en la que se afirma que «esta carta es falsa». «Como es sabido, el antiguo Orden del Temple (Templarios) fue suprimido por el pontífice Clemente V (1305-1314) y nunca fue restaurado por ningún otro sucesor suyo», explica la Santa Sede.

Por lo que se refiere a las órdenes de caballería, la nota vaticana confirma que «la Santa Sede, además de las propias órdenes ecuestres, reconoce y tutela sólo a la Soberana Orden Militar de Malta –la Soberana Orden Militar Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta– y la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén».

PELIGRO GNÓSTICO

El cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio en la misa que abría una sesión de la reciente conferencia del episcopado latinoamericano en Aparecida en mayo pasado, hizo referencias directas a la tentación actual de la iglesia hacia la gnosis, y recomendó vivamente recorrer el camino contrario. Los gnósticos fueron los primeros movimientos heterodoxos apartados de la construcción de la rama principal y ortodoxa del cristianismo. El gnosticismo ha impregnado todas las sociedades secretas y esotéricas occidentales desde los Rosacruces a los Illuminati, tuvo una influencia nunca delimitada del todo en los templarios, y constituye la columna central de la masonería, la G de sus símbolos.

Con él concelebraban el cardenal Julio Terrazas Sandoval C.SS.R., arzobispo de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), y el cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, arzobispo de Lima (Perú), del Opus Dei.

La homilía sólo ha sido resumida parcialmente por las agencias católicas de noticias y la página oficial de la Conferencia recoge un resumen aún menor en el que ha desaparecido toda mención a la gnosis. Pero el purpurado porteño señaló que el Espíritu Santo, -que el Señor promete antes de irse-, libra a la Iglesia “de la suficiencia del propio conocimiento que la lleva a la gnosis” y la envía a evangelizar. “Cuando venga el Espíritu -agregó- nos abrirá camino. El primer camino que nos abre es hacia el misterio. Nos va llevando a esa sapiencialidad cognoscitiva que destruye toda pretensión gnóstica de la Iglesia. Para que su pueblo, su Iglesia sea una Iglesia adoradora, orante”. Tras afirmar que es el Espíritu Santo quien “empuja a la Iglesia”, el arzobispo de Buenos Aires precisó que además “la proyecta hacia las periferias, no solo geográficas, ni las del mundo conocido, ni la cultura, sino las existenciales. El Espíritu nos conduce hacia toda periferia humana. ¡Tantas periferias que debemos evangelizar!”

“Este Espíritu -dijo el cardenal Bergoglio- es el creador de la diversidad de la Iglesia, de los carismas que se van suscitando. La va haciendo lo más diversa posible y amasa la unidad en la armonía. Esto nos promete Jesús: este Espíritu”. El Espíritu Santo, precisó, “nos libra de la suficiencia del propio conocimiento que nos lleva a la gnosis. Espíritu que nos libra de ser una Iglesia autorreferencial”.

En la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y el Caribe el cardenal jesuita argentino Bergoglio fue Presidente de la Comisión de Redacción del documento final.

Posted by isisdiosa99 at 20:14:03 | Permalink | No Comments »

Saturday, December 23, 2006

HEREJES Y CONSERVADORES

Arnoldo Águila

El conservadurismo y la herejía son componentes esenciales del ser humano como tal.

Las herejías que han dejado de serlo por la aceptación mayoritaria, poco a poco se añejan y constituyen la base ideológica de un grupo, cuya conservación representa la misma conservación del grupo sustentador. El conservadurismo, pues, es una defensa del estado del grupo y del grupo mismo, a pesar de que la historia demuestre que lo que se conserva hoy, quizás haya sido considerado una herejía en el pasado.

Verbigracia, el cristianismo con respecto al judaísmo; el protestantismo con respecto al catolicismo; etc.

La herejía es el desafío de un individuo en contra del grupo, manifestada en un artículo de fe, en una tesis dada por cierta a la que el rebelde le opone otra antagónica. La herejía, sino es reprimida o asimilada con éxito, puede generar un cisma destructivo o divisor, que desintegre al grupo o que lo divida en dos antagónicos: los conservadores y los herejes. Aunque por naturaleza, los herejes de hoy serán los conservadores de mañana.

En la lucha que se produce siempre los herejes están en desventaja, porque la herejía, el cambio, siempre nace en la cabeza de un individuo, mientras que el conservadurismo es siempre una verdad que sustenta y une al grupo.

La herejía es peligrosa no tan sólo por la inferioridad numérica que implica, sino porque el grupo se siente atacado, siente en peligro su existencia misma, y es que todo grupo humano es tal porque se cohesiona alrededor de un conjunto de creencias.

En esa lucha, tanto por parte del hereje como de los conservadores, se han usado todas las tácticas y recursos bajo el inhumano principio del “fin justifica los medios”.

Hogueras para purificar a los Brunos, cruces para amedrentar a los Cristos, cicuta para los Sócrates, ostracismo para los Zolás, hachas para los Trotsky, etc., de parte de algunos conservadores. Y de parte de algunos herejes, mesianismo, maximalismo, conspiración, mentiras, demagogia, etc.

Siempre he sentido admiración por los herejes y he sido en muchas cosas uno de ellos, porque tengo mucha imaginación.

Pero en la actualidad comprendo la importancia del conservadurismo como defensa en contra de la desintegración social que se observa en las sociedades altamente desarrolladas, que dan quizás demasiado espacio a las herejías, algunas de ellas dañinas.

Y todo esto me vino a la mente producto de una noticia de Prensa Asociada en la que se informaba de una maniobra de un grupo denominado “Médicos por una Medicina Responsable”, partidarios del vegetarianismo, en contra del recién fallecido Dr. Atkins, partidario de una dieta basada en lo fundamental en el consumo de carnes y quesos.

El Dr. Atkins fue un cardiólogo que, basado en los experimentos de ciertos investigadores, creó una dieta hereje para bajar de peso, contraria al sistema de creencias de sus colegas.

Una dieta que consiste en comer carne sin límite, y que limita el consumo de carbohidratos, era una herejía horrorosa y absurda en la época en la que el Dr. Atkins la publicó.

A pesar de que ya se han hecho estudios que desmienten algunos de los ataques que se le hacían, muchos doctores se sienten golpeados en sus partes más sensibles por la herejía cárnica.

El doctor Atkins murió producto de un golpe que se dio en una caída provocada por un suelo resbaladizo, y aparte de que el alcalde de New York lo tildó de gordo y se burló tanto de la comida que le ofrecieron en la casa del doctor, como que puso en duda que hubiera muerto de un resbalón, un doctor de Nebraska, que luego se descubrió que no tenía derecho a hacerlo por no ser un médico en ejercicio, solicitó y obtuvo el reporte del forense, se lo entregó al Comité de Médicos Vegetarianos, quienes a su vez se lo entregaron al “Wall Street Journal”.

La intención era desprestigiar la dieta del doctor Atkins planteando que cuando éste murió tenía sobrepeso y dañado su corazón. El mismo Atkins un año antes de su deceso, había planteado estar recuperándose de un paro cardíaco vinculado a una infección del corazón que sufría “desde hacía algunos años” y que ésta “de ninguna manera estaba relacionada” con su dieta.

Stuart Trager, presidente del “Atkins Physicians Council” en Nueva York, le dijo al WSJ que el peso de Atkins estaba relacionado con la hinchazón asociada con su enfermedad y al tiempo que pasó en coma tras su lesión en la cabeza y que Atkins estuvo mucho más delgado durante la mayor parte de su vida.

Asistí hace unos años a una conferencia del doctor y lo vi personalmente y puedo asegurar que no estaba grueso y representaba tener menos años de los que tenía.

Debo advertir que no soy imparcial en esta disputa. No sólo he practicado la dieta de Atkins, sino que por mi ejemplo y por persuasión he inducido a otros a seguirla. La dieta funciona y se baja todo el peso que se desea, no se pasa hambre mientras se realiza, desaparecen los gases y la acidez, y, por si fuera poco, ¡mejora la hipertensión, los triglecéridos y el colesterol!

Creo que la base teórica que señala a los carbohidratos y los azúcares como responsables de la obesidad es coherente con la información que se tiene.

El problema de esta dieta, y prácticamente de todas, es el evitar la recaída después de bajar de peso, por lo que bajar de peso es tan sólo un primer paso que debe ser seguido de inmediato por un cambio sustancial de hábitos alimenticios y de vida.

En la actualidad difiero de Atkins en lo que respecta a la leche y sus derivados, que en la actualidad no consumo. He reducido las comidas a una sola diaria, aparte de un batido de leche de soya con semillas de lino molidas. Pero vigilo los carbohidratos y los azúcares, y no me preocupan ni la carne ni los huevos. Le he añadido a estas medidas un día de ayuno semanal.

No creo en el vegetarianismo, ni en el inducido por razones espirituales, ni en el inducido por razones de que comer cualquier carne, de cualquier manera es dañino. No creo que el sistema disgestivo del ser humano sea el apropiado para un animal vegetariano, pero tampoco para el de un carnívoso.

Pienso que si esos médicos tuvieran un átomo de vergüenza debieran establecer en sus testamentos la entrega de sus cuerpos para estudiar los efectos de su doctrina en sí mismos y no usar el descrédito del oponente como medio de imponerla. Es decir, deben investigar y tratar de probar; y no recurrir a tácticas denigrantes.

El “New York Post” en su edición del 11 de Febrero del presente, agrega un precioso detalle ideológico, porque relaciona al grupo “Médicos por una Medicina Responsable” con un grupo radical llamado “Personas para el Tratamiento Ético de los Animales”.

Pero esta lucha de un hereje dietético con médicos conservadores que se alían con herejes pro animales, es tan sólo un ejemplo no muy grave, entre muchos más importantes que han ocurrido siguiendo líneas parecidas desde el comienzo de nuestra especie. Los seres humanos no son más que la herejía del reino animal.

Herejes y conservadores: he aquí el verdadero motor de la historia; motor que obtiene su energía de las explosiones incontrolables de la imaginación.

Dama ElcheInvisiblesShirin EbadiPolicia BenicassimMero PanchoBofeton a tiempoKim Dae JungJohn HumeGrandes pintoresOrhan PamukCatedral de LeonCatedral de OviedoCueva de AltamiraPor que no te callasCadaveres en el museoMamas eroticasCuerpos envidiadosLos chicos sexys

Posted by isisdiosa99 at 12:23:22 | Permalink | No Comments »

“…Y digan los hombres lo que quieran, mientras haya gobernantes que llamen suya a la tierra y dictaminen que tal parcela pertenece a éste o a aquél, el pueblo no tendrá libertad ni el país se verá libre de disturbios, opresión y querellas, cosas, todas éstas, que ofenden al Creador”.
Gerard Winstanley (The Law of Freedom, 1652)

“De acuerdo con los pensadores cristianos, el pensamiento bíblico conduce directamente al anarquismo, la única posición ”política anti-política’”.
Jacques Ellul (1912-1994)

Por ApostoloZeno

Desde tiempos remotos la Iglesia católica, apostólica y romana, también conocida como “Babilonia la Grande, la madre de las rameras”, ha padecido, a veces en silencio y otras con gran alboroto, de almorranas. Ya decía el papa Gregorio VII , en 1078, que “la costumbre de Roma consiste en tolerar ciertas cosas y silenciar otras”. Tolerar, toleraron más bien poco, pero silenciar se les dio de perlas.

Bien sabía la curia católica “cuán provechosa” les resultaba “esta fábula de Jesucristo”, como confesó el papa León X en una carta al cardenal Bembo , sin embargo, ya fuera porque algunos se tomaron la fábula en serio o porque la interpretaron a su manera, la cosa se les fue de las manos y las nalgas papales se llenaron de granos de todo tipo: berenganos, cátaros, valdenses, albigenses, anabaptistas, apostólicos, patarinos, brogardos, lolardos, fraticellis, espirituales, dulcinistas, joaquinitas, husitas… A todos estos furúnculos, Roma los llamó herejes, que, en su sentido etimológico, quiere decir “el que escoge”, el que elige. Y ya sabemos, porque durante siglos lo ha demostrado sobradamente, que a la Iglesia católica eso de la libre elección nunca le ha hecho demasiada gracia.

Les hiciera gracia o no, el caso es que Europa comenzó a llenarse de iluminados que elegían por sí mismos, chalados que se pusieron a traducir la Biblia del latín a las lenguas vernáculas, a decir que, si Dios los había hecho a todos iguales, por qué iban a ser o tener unos más que otros, a condenar la propiedad y las riquezas, a criticar la corrupción del clero y sus estómagos ahítos, a cuestionar dogmas católicos como el bautizo de infantes, la adoración de imágenes o la utilización de suntuosos edificios para celebrar la misa. Y la Iglesia acabó diciendo: “Matadlos a todos; Dios reconocerá a los suyos”.

Desde tiempos remotos la Iglesia católica, apostólica y romana, también conocida como “Babilonia la Grande, la madre de las rameras”, ha padecido, a veces en silencio y otras con gran alboroto, de almorranas. Ya decía el papa Gregorio VII, en 1078, que “la costumbre de Roma consiste en tolerar ciertas cosas y silenciar otras”. Tolerar, toleraron más bien poco, pero silenciar se les dio de perlas.

Bien sabía la curia católica “cuán provechosa” les resultaba “esta fábula de Jesucristo”, como confesó el papa León X en una carta al cardenal Bembo, sin embargo, ya fuera porque algunos se tomaron la fábula en serio o porque la interpretaron a su manera, la cosa se les fue de las manos y las nalgas papales se llenaron de granos de todo tipo: berenganos, cátaros, valdenses, albigenses, anabaptistas, apostólicos, patarinos, brogardos, lolardos, fraticellis, espirituales, dulcinistas, joaquinitas, husitas… A todos estos furúnculos, Roma los llamó herejes, que, en su sentido etimológico, quiere decir “el que escoge”, el que elige. Y ya sabemos, porque durante siglos lo ha demostrado sobradamente, que a la Iglesia católica eso de la libre elección nunca le ha hecho demasiada gracia.

Les hiciera gracia o no, el caso es que Europa comenzó a llenarse de iluminados que elegían por sí mismos, chalados que se pusieron a traducir la Biblia del latín a las lenguas vernáculas, a decir que, si Dios los había hecho a todos iguales, por qué iban a ser o tener unos más que otros, a condenar la propiedad y las riquezas, a criticar la corrupción del clero y sus estómagos ahítos, a cuestionar dogmas católicos como el bautizo de infantes, la adoración de imágenes o la utilización de suntuosos edificios para celebrar la misa. Y la Iglesia acabó diciendo: “Matadlos a todos; Dios reconocerá a los suyos”.

LOS PRIMEROS DISIDENTES

Uno de estos precoces heresiarcas fue el monje benedictino Berengario de Tours, que allá por el año 1000 se puso la sotana por montera y comenzó a despotricar de la Iglesia por apartarse del verdadero mensaje del Evangelio, que según su visión, condenaba las riquezas y el poder, dos cosas muy del gusto de Roma. Por eso, y por negar la presencia de Cristo en la eucaristía (algo que hoy sabe todo quisqui, pero que entonces ni se sospechaba), Berengario y sus seguidores, los berenganos, fueron condenados por la cúpula católica en los años 1050 y 1051.

Años más tarde, un sacerdote de los Alpes franceses llamado Pedro Bruis, colgó los hábitos porque no estaba de acuerdo con el bautismo de niños, la transubstanciación, las oraciones para los muertos, la adoración de la cruz, la necesidad de tener edificios que sirvan de iglesias y otras milongas católicas. Tras ser expulsado de su diócesis de los Alpes, Bruis se fue a predicar por todo el sur de Francia y consiguió muchos discípulos además de acabar siendo pasto de las llamas en 1140.

Enrique de Lausana, también conocido por Enrique de Cluny o Enrique de Tolouse, continuó la obra de Bruis. Enrique era monje y ya en 1101 había empezado a echar pestes en contra de la liturgia eclesiástica, la corrupción del clero y la jerarquía de la Iglesia. Sostenía que no había más verdad que la que se pudiera deducir de las mismas Escrituras. Como su colega Bruis, predicó por todo el sur de Francia, hasta que en 1148 fue a parar con sus huesos en la cárcel, donde acabó espichándola.

LA HEREJÍA DEL ESPÍRITU LIBRE

La Herejía del Espíritu Libre fue iniciada por los sufíes de Sevilla en el siglo XII. Tenían tres principios básicos: Todo es divino; no hay vida después de la muerte (el cielo y el infierno son estados del alma durante la vida); y conocer a Dios hace a uno incapaz de cometer pecado. Si Dios es el creador de todas las cosas y creó al hombre a su imagen y semejanza, pensaban estos descarriados herejes, cualquier comportamiento del que seamos capaces, sea “bueno” o sea “malo”, es un reflejo de la divinidad de Dios.

Los seguidores del movimiento del Espíritu Libre sufrían una iniciación de obediencia ciega a su maestro durante varios años antes del gozo de la libertad de acción total. Unido con Dios, el individuo estaba por encima de todas las leyes, iglesias y ritos. Y por tanto, podía hacer literalmente lo que le diese la gana, como por ejemplo, ir desnudo. Los “Hermanos del Espíritu Libre” se hicieron famosos en su época por hacer manifestaciones en pelota picada y, dicen también, que por las fabulosas orgías que se montaban en las catacumbas. Ellos las llamaban “servicios divinos”. Predicaban la sublimidad de los “apetitos humanos”, hasta el punto de que se mostraban a favor del incesto. Rechazaban la Iglesia, los Sacramentos y las Sagradas Escrituras, practicaban el amor libre y robaban en nombre de la “comunidad de bienes”. O sea, que eran unos punkis de mucho cuidado.

La herejía se extendió con los santos mendigos que vagaban por los caminos de Europa occidental acompañados de viudas y solteronas llegando a Bohemia, donde sus seguidores fueron conocidos como los “picardos”. Entre sus defensores famosos se incluyen Margarita Porete y Heinrich Suso, quien en 1330 describió la libertad como “cuando un hombre vive según sus caprichos sin distinguirse entre Dios y él mismo, y sin mirar antes o después”.

LOS VALDENSES O POBRES DE LYON

En 1173, un rico y devoto mercader de Lyón llamado Pedro Valdo (o Waldo) está hablando con un colega cuando de repente se le muere delante de sus narices. Pedro se queda patidifuso, comienza a entrarle canguelo eso de morir en pecado y acude raudo y veloz a un cura amigo suyo. Éste se marca un farol y le dice: “Si quieres ser perfecto, ve, vende tus bienes y dáselo a los pobres”. Pero Pedro no pilló la ironía y se tomó el consejo al pie de la letra: le pasó una pensión a su mujer y a sus dos hijas, encargó a dos sacerdotes que tradujeran los Evangelios al provenzal para que sus paisanos lo entendieran y distribuyó el resto de sus posesiones entre los pobres.

Cuentan que en las fiestas del pueblo Valdo se puso a repartir su dinero gritando “Ningún hombre puede servir a dos amos, a Dios y a Mammon” (que no es ningún cabrón, sino el dios del dinero). Y mientras la gente se quedaba con la pasta del supuesto chiflado, Valdo les espetó: “Conciudadanos y amigos, no estoy loco, como pensáis, sino que solamente me estoy vengando de mis enemigos, que me hicieron un esclavo, de modo que tuviera siempre más cuidado del dinero que de Dios, y sirviera a la criatura más que a su Creador. Ya sé que muchos me culparán por actuar así abiertamente. Pero lo hago por mi propio interés y por el vuestro; en el mío, de modo que aquellos que me vean a partir de ahora poseyendo algún dinero digan que soy un loco; en el vuestro, para que aprendáis a poner la esperanza en Dios y no en los ricos”.

Entre esto y las Biblias traducidas que fueron rulando de mano en mano, poniendo por primera vez las Escrituras en manos del pueblo que, por supuesto, sacó sus propias conclusiones, Valdo encontró un gran número de seguidores, especialmente entre los campesinos y los artesanos. El clero comenzó a recelar de aquellos hombres humildes, ya conocidos como “los pobres de Lyon” que, de dos en dos, descalzos y harapientos, iban predicando a su manera la “Palabra de Dios”. Para ellos, cualquier cristiano, fuera hombre o mujer, podía predicar siempre y cuando tuviese suficiente conocimiento de las Escrituras.

En 1179 el papa Alejandro III prohibió a Valdo y a sus seguidores predicar sin el permiso del obispo local, el cual, como era de esperar, se negó a dárselo. Pero Valdo y los suyos hicieron oídos sordos y replicaron a la jerarquía católica tomando las palabras de Hechos 5:29: “Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres”. Y con estas siguieron vociferando sus doctrinas.

Los valdenses estaban apasionadamente interesados por una reforma de la Iglesia según las líneas del ideal apostólico representado por el Nuevo Testamento. Este ideal promovía la pobreza y la simplicidad del estilo de vida. Los miembros ‘perfectos’ de la comunidad hacían comunismo y celibato obligatorios, sin embargo a los ‘discípulos’ se les permitía casarse y tener propiedades. Los valdenses fueron de los primeros insumisos declarados de la historia. Se negaron a cumplir el servicio militar, abogaron por la supresión del Estado y condenaron la pena de muerte. Además criticaron la corrupción eclesiástica y la enseñanza y práctica de la Iglesia sobre el purgatorio y las indulgencias. Rechazaron la adoración de imágenes, la transubstanciación, el bautismo de infantes, el culto a María, las oraciones a los santos, la veneración de la cruz y las reliquias, el arrepentimiento de última hora, la confesión a los sacerdotes, las oraciones a los muertos, las indulgencias papales, el celibato sacerdotal y el uso de imponentes y elegantes edificios religiosos para celebrar misa. De hecho, los valdenses celebraban la eclesia, la asamblea, de forma clandestina en establos, hogares particulares o donde quiera que encontrasen un hueco. Consideraban a Roma como “Babilonia la Grande, la madre de las rameras” e invitaban a la gente a huir de ella.

En 1184 el papa Lucio III los excomulgó junto con otro grupo formado por obreros de la lana de Milán conocidos como “los humillados” (descendiente de los ‘patarinos‘ o ‘pordioseros’), y el obispo de Lyon los expulsó de la diócesis provocando una diáspora de valdenses que extendieron su mensaje no sólo por el sur de Francia y el norte de Italia, sino también por el este y norte franceses, por España, Flandes, Alemania, Austria, Bohemia y Polonia, donde Valdo murió en 1217. La Iglesia de Roma puso todos los medios de que disponía para exterminar a los valdenses, los cuales se unieron por un tiempo con los humillados formando el movimiento de los ‘Pobres lombardos’. A la pregunta de cómo distinguir a los herejes del resto de la población durante la toma de Béziers, el abad de Citeaux, Arnaud Amalric, legado papal, contestó: “Matadlos a todos; Dios reconocerá a los suyos”.

Miles de personas fueron asadas en las barbacoas organizadas por la Inquisición. La Santa Sede rabiaba de envidia e impotencia, al ver cómo el ejemplo de los valdenses prendía entre los simples como la pólvora. “Sus adherentes viven justamente delante de todos los hombres y creen en todos los artículos del Credo, respetando en todo a Dios: Solamente blasfeman de la Iglesia y del clero romanos: por esto tan grandes multitudes de laicos les prestan atención”, dijo de los valdenses el inquisidor de Passau en el S. XII. Los muy jodidos se cagaban en la jerarquía católica y encima daban ejemplo:

“Los herejes valdenses se distinguen por su comportamiento y el habla. Son impasibles y sensatos. No se esfuerzan en llamar la atención con vestidos extravagantes o indecorosos. No son comerciantes con el fin de evitar mentir, jurar o engañar. Viven únicamente del trabajo artesano de sus manos. También sus maestros son tejedores y zapateros. No acumulan riquezas, sino que se contentan con lo necesario para vivir. Comen y beben con moderación, no frecuentan posadas ni van a bailes u otro lugares de mala reputación. Son lentos para la ira. Son trabajadores, se dedican a aprender y a enseñar. Les reconocerán por su manera de hablar: con cordura y veracidad. No difaman, no hablan con palabras vulgares o vacías. Evitan toda expresión que pueda ser mentirosa o de juramento. No dirán “sinceramente” o “de verdad”, sino que se limitarán a decir “si” o “no”. Según ellos hacen así porque Jesús lo ordenó en Mateo 5:37”. (Passauer Anonymus).

A pesar de los pesares, la Iglesia los persiguió hasta la tumba. El papa Inocente III autorizó a ciertos monjes como inquisidores, se montaron infinitud de procesos judiciales contra cualquier sospechoso de herejía y se instituyó la orden de los frailes dominicos para contrarrestar las influencias doctrinales de los valdenses.

LOS CÁTAROS O ALBIGENSES

La herejía albigense se mantuvo activa desde mediados del siglo XII hasta mediados del XIII. Albigense deriva del albigés, proveniente de la comarca situada al noreste de Tolosa (Toulouse) cuyo centro era Albi. El movimiento tuvo su foco central en el sureste francés y el Rosellón catalán, la zona conocida como Occitania o Langedoc. También denominados cátaros, apelativo de origen griego que significa ‘puro’, nadie sabe quién fue su fundador o sus fundadores.

En Occidente, son predicadores ambulantes los que importan de Oriente el catarismo con su nombre griego. Al principio predicaron, también con el ejemplo, el ideal de vida apostólica y evangélica, por ello encontraron mucha aceptación. Pero pronto revelarán su doctrina dualista, “que indudablemente no es de origen popular ni puramente bíblica”, como asegura H. Grundmann. “Se trata de una cosmogonía y una mitología orientales, sin dudas derivadas del maniqueísmo, que son absolutamente incompatibles con la doctrina y la moral de la Iglesia”, dice el historiador.

Maniqueos y orgullosos de serlo, para los albigenses sólo existen dos poderes enfrentados: la luz y la oscuridad; el dios bueno, creador del espíritu, y el dios maligno, Satán, creador de lo material. Por su desprecio al cuerpo (que por algo es material), los albigenses se oponían al matrimonio y practicaban una ascesis tan rigurosa que algunos llegaban a morirse literalmente de hambre, dieta a la que llamaban ’suicidio de liberación’.

Rechazaban la divinidad de Cristo y casi todos los sacramentos de la Iglesia establecida. Se oponían a la jerarquía eclesiástica y pensaban que Jesús dio por igual a todos sus apóstoles, sin afán de poder ni riquezas. Cuestionaron el bautismo, la eucaristía, la virginidad de María, la conversión del pan y del vino en cuerpo y sangre de Cristo… Influidos por las filosofías orientales, creían en la reencarnación y muchos llegaron a hacerse vegetarianos. Además de maniqueos, los albigenses eran milenaristas. Aseguraban que en cuanto Jesús regresara a la Tierra (y pensaban que estaba al caer) desaparecerían la propiedad, el dinero, el clero, los reyes, los ricos, los pobres, las guerras, las naciones y demás desatinos humanos.

Aunque la herejía albigense fue un movimiento de amplias dimensiones, un movimiento de masas, no debemos caer en el error de imaginarnos a todo el Languedoc poblado de ascetas escuálidos y comeflores clamando por la abolición del dinero y del poder. Tan sólo los “perfectos” guardaban rigurosamente los preceptos de la doctrina cátara; luego estaba “una masa seducida por las virtudes de los ‘perfectos’, pero a la vez de ningún modo deseosa de romper con sus marcos habituales, muy poco al corriente, por lo demás, de las contestaciones dogmáticas”, según P. Wolf.

Los albigenses fueron condenados en el Concilio de Luterano por orden del papa Alejandro III. Sin embargo sus ideas no dejaron de propagarse, e incluso ricos y nobles, como los condes de Tolousse, de Foix y de Beziers, abrazaron interesadamente la causa. El papa inició entonces una cruzada contra ellos ofreciendo indulgencias y una parcelita en el Cielo a todo aquel que fuera a combatirlos. Aunque las diferentes cruzadas anti-albigenses acabaron en 1229 con la rendición de Tolosa, continuaron incursiones militares puntuales como el asedio y la toma del último gran castillo cátaro, Montsegur, en 1244 y la acción de la inquisición contra aquellos grupúsculos resistentes que se refugiaron en el Pirineo catalán.

Claro que la Iglesia católica tiene otra versión de lo sucedido. Según la Iglesia, la que verdaderamente acabó con los albigenses fue la mismísima Virgen María en persona, que se le apareció a Santo Domingo, quien había sido achuchado por Inocencio II para que les comiera la oreja a los herejes, y le regaló un rosario para que lo blandiera “en contra de los enemigos de la Fe”. Gracias al rosario, Santo Domingo logró convertir a los pobrecitos de los cátaros que, engañados por el Demonio, se habían apartado de la senda marcada por la Cúpula eclesiástica. O sea, que las cruzadas, las persecuciones y las hogueras no tuvieron nada que ver

El odio al clero y a los ricos así como las aspiraciones igualitarias eran dos sentimientos muy arraigados en la sociedad medieval, tanto como la pasión por el fútbol o el comprarse un coche nuevo lo están hoy día. Esto explica en parte que las herejías que florecieron desde el siglo XI al XVI tomaran un cariz profundamente igualitario y anticlerical. La plebe, explotada por los señores, esquilmada por la Iglesia y sus diezmos y sojuzgada por un Estado cada vez más organizado, regalaba fácilmente los oídos a las prédicas revolucionarias que prometían una nueva Edad de Oro y no le hacían falta demasiadas arengas para tomar las armas contra nobles, curas, magistrados y cualquiera que se le pusiera por delante.

Esta animadversión hacia las clases privilegiadas, de la cual el clero formaba parte, también se manifestaba y se cultivaba en proverbios, autos sacramentales y sátiras diversas. Seis siglos antes de que Proudhon descubriera que la propiedad privada es el robo, los siervos de la gleba habían llegado a idéntica conclusión: “Los magistrados, los prebostes, los administradores, los alguaciles –casi todos viven del robo… Todos ellos acogotan al pobre, todos desean despojarle… los desuellan vivos. El fuerte roba al débil…”.

El pueblo se quejaba con razón de que el clero “no se preocupa de nosotros, vive unas vidas escandalosas, y nos holla con sus pies… El pueblo hace de todo y entrega todo y todavía no puede vivir sin ser atormentado y llevado a la ruina por el clero… Los prelados son zorras rabiosas…”. Bien podría tratarse de una canción de La Banda Trapera del Río, ¿no les parece?

Otras sátiras reflejaban sin demasiados tapujos los anhelos de la multitud: “Desearía estrangular a los nobles y a los curas, a todos ellos… Los buenos trabajadores hacen el pan blanco pero ellos nunca lo prueban; no, todo lo que consiguen es pan de maíz, y por buen vino no consiguen más que sobras, y por un buen paño nada más que deshechos. Todo lo que es delicioso y bueno va a parar a los nobles y a los curas…”.

Y guerrilleros culturales de la época como el poeta alemán Suchenwirt describían cómo los hombres hambrientos, dejando a sus pálidas y escuálidas esposas e hijos en sus tugurios, se reúnían en las calles estrechas, armados con armas improvisadas y llenos de desesperado coraje: “Los cofres de los ricos están llenos, los de los pobres vacíos. El vientre del hombre pobre está hambriento… ¡Derribemos la puerta del rico! Vamos a comer con él. Es mejor ser despedazado que morir de hambre, todos nosotros estamos más dispuestos a arriesgar nuestras vidas valerosamente que a perecer de este modo…”.

Así las cosas no era extraño que los ricos estuvieran un tanto moscas y se encaminasen a allanar el camino para el advenimiento del poder disciplinario, para la llegada de la sociedad de la vigilancia y el adiestramiento que nacerá, Michel Foucault dixit -y pixie-, en el siglo XVIII. “No se no se debe conceder tanta libertad a los pobres como se les viene dando desde antiguo -aconsejaba a los burgueses un cronista de Magdeburgo allá por el siglo XIV-. Deben ser sometidos a control, pues existe un aborrecimiento entre pobres y ricos. Los pobres odian a todo aquel que tenga alguna posesión y están más preparados para perjudicar a los ricos de lo que éstos lo están para perjudicar a los pobres”.

Efectivamente los pobres se prepararon en sucesivas ocasiones para derrocar el “poder temporal” de los nobles y la Iglesia, ya fueran movidos por visiones marianas, profecías apocalípticas o llamamientos a las cruzadas. Cualquier excusa les valía para rebelarse contra el orden social dominante y ajusticiar a clérigos, nobles, burgueses, prelados, administradores y ricos en general.

La lucha de los de abajo se hallaba legitimada en numerosos escritos de carácter religioso, desde las Sagradas Escrituras al Libro de los Cien Capítulos del ‘revolucionario del alto Rhin’. San Ambrosio, uno de los padres de la Iglesia, decía: “La tierra fue hecho en común para todos, ricos y pobres. ¿De dónde deduces, rico, tu propio derecho? La naturaleza no conoce ricos, hace a todos los hombres pobres…”. El libro de los Hechos describía la vida de los primeros cristianos como una comunidad en la que “todos los que creían vivían unidos, teniendo todos sus bienes en común… y ninguno tenía por propia cosa alguna”.

Alrededor de 1270, Jean de Meun, un laico inquisitivo que vivía en el barrio latino de París, escribió un largo poema titulado Roman de la Rose en el que describía el estado natural igualitario que imperaba en la Edad de Oro:

“Érase una vez, en los días de nuestros primeros padres y madres, como atestiguan los escritos de los antiguos, cuando la gente se amaba con un delicado y honesto amor, y no por codicia y ansia de lucro. La bondad reinaba en el mundo”.

En esos tiempos los gustos eran sencillos, las gentes se alimentaban de frutos, nueces y hierbas, sólo bebían agua, se vestían con pieles de animales, no conocían la agricultura y vivían en cavernas. Pero no pasaban penalidades, porque la tierra daba liberalmente todo el alimento que necesitaban. Los amantes se abrazaban en lechos de flores, detrás de cortinas de hojas.

“Allí danzaban y descansaban en suave tranquilidad; pueblo sencillo que sólo se preocupaba de vivir alegremente y en plena armonía con los demás. Todavía ningún rey ni príncipe habían arrebatado, como criminales, lo que pertenecía a los demás. Todos eran iguales y no tenían ninguna propiedad privada propia. Coonocían bien la máxima de que amor y la autoridad no pueden morar juntos… De este modo, amigo mío, los antiguos se acompañaban los unos a los otros, libres de todas atadura o ligazón, pacíficamente, decentemente; y no hubiesen abandonado su libertad ni por todo el oro de Arabia o Frigia…”

Desgraciadamente tan feliz situación llegó a su fin con la aparición de inumerables vicios -engaño, orgullo, ambición, envidia y demás. Con ellos llegaron la pobreza y el latrocinio. Al final la situación se hizo tan insoportable que hubieron de elegir a un “príncipe o señor” para que restaurara y conservase el orden. Pero este necesitó ayuda y se crearon las tasas e impuestos con el fin de pagar el aparato coercitivo: fue el inicio del poder real. Se acuñó moneda y se fabricaron armas “y al mismo tiempo los hombres fortificaron las ciudades y castillos y construyeron palacios cubiertos de esculturas, pues los que poseían las riquezas tenían mucho miedo de que se las quitaran a hurtadillas o a la fuerza. Estos hombres se hicieron mucho más dignos de compasión pues ya no volvieron a conocer la seguridad desde el día en que, llevados por la codicia, tomaron para sí lo que antes había sido propiedad de todos, como lo son el aire y el sol”.

Hacia 1439 se edita la influyente obra llamada Reforma de Segismundo. En ella se pedía la supresión de los gremios monopolistas y de las grandes compañías comerciales, abogando por un orden igualitario en el que los salarios, precios e impuestos debían ser fijados para servir a los intereses de los pobres. Al mismo tiempo debía abolirse la servidumbre allí donde todavía subsistiera en el campo; y, como en los viejos tiempos, las ciudades debían abrir sus puertas a sus antiguos siervos.

A principios del siglo XVI aparece el Libro de los cien capítulos, tratado escrito en alemán por un divulgador anónimo conocido como “el revolucionario del alto Rhin”, cuyo contenido, según su autor, estaba directamente inspirado por el Altísimo, quien expresó su voluntad a través del arcángel San Miguel

Lo que venía a decir el libro era que Dios tenía un cabreo con los humanos de agárrate y no te menees y que estaba dispuesto a no dejar títere con cabeza. Sin embargo, el perdonavidas ofrecía al pueblo una última oportunidad para que enmendara sus pecaminosas vidas. Por expreso deseo del Señor, una persona piadosa -lógicamente el autor del libro- debía organizar una asociación de laicos justos, los cuales disfrutarían de la protección efectiva de san Miguel y llevarían una cruz amarilla como divisa.

La tarea de estos elegidos era la de preparar el terreno para el advenimiento del futuro emperador Federico, “el emperador de la Selva Negra” que “reinará durante mil años” y “ejercitará justicia”. Y preparar el terreno significaba eliminar inmediatamente el pecado del mundo, lo que de hecho se traducía en la eliminación de los pecadores, básicamente los ricos, “los hombres importantes, tanto eclesiásticos como laicos”. Todo el clero debía ser destruido: “¡Id contra ellos, desde el papa hasta el más pequeño estudiante! ¡Matadlos a todos!”. También los usureros, los grandes comerciantes y los abogados. Y una vez hecho esto, llegaría el Milenio.

Las propiedades de la Iglesia serían entonces secularizadas y usadas por el emperador en beneficio de la comunidad y de los pobres en particular. Todo beneficio derivado de la propiedad de tierras o del comercio sería confiscado; lo cual sopndría una abolición de los principados y la expropiación de todos los ricos. Y todos los bienes serán tenidos en común: “¡Cuántos males provienen del interés propio!… Es necesario, por consiguiente, que toda propiedad se convierta en una sola propiedad, que exista un solo pastor y un solo rebaño”.

Este estalinista del siglo XVI previó la disidencia a este estado de cosas y por ello se anticipó a ofrecer soluciones draconianas. Una vez al año, indica, el emperador dictará un decreto con la finalidad de desenmascarar el pecado –sobre todo la usura y la lascivia- exhortando al pueblo para que informe en contra de los pecadores, pero también animando a presentarse y confesar voluntariamente los propios pecados. En cada parroquia se constituirá un tribunal oficial que castigará a los pecadores “con cruel severidad”. Y afirma que nada ayudará más al establecimiento y protección del nuevo orden de igualdad y propiedad en común que este tipo de justicia.

Con proclamas tan excitantes era previsible que la multitud desesperada se lo jugase todo a una sola carta. No tenían nada que perder.

A mediados del siglo XIII comenzó a ser habitual encontrar por las calles de numerosas ciudades europeas a mendigos harapientos vestidos con hábitos rojos y encapuchados que iban en ruidosos grupos orando por las almas y pidiendo limosna al grito de “¡Pan, por el amor de Dios!”. La gente los conocían con el nombre de beghards -la palabra inglesa “beg” significa “mendigar”- y no tardarían en ser señalados por el dedo acusador de la Iglesia Católica, que sin titubeo alguno, los calificó de herejes.

Los begardos fueron una suerte de fraternidad de indomables y revoltosos “monjes errantes” que allá donde iban la liaban. Uno de sus pasatiempos favoritos era interrumpir las ceremonias religiosas mostrando su desprecio por la disciplina eclesiástica y clamando contra los curas y frailes de vida relajada. Predicaban frenéticamente, sin autorización pero con gran éxito popular, y al menor disturbio, se dispersaban en pequeños grupos, migrando de montaña en montaña como guerrilleros del maquis. Por lo general, estos “mendigos santos”, de muy distintas procedencias sociales, hacían vida de ermitaños, felices en las montañas, yendo de un lado para otro, instalándose en “refugios de pobreza voluntaria” cerca de las ciudades y malnutriéndose de la caridad de la gente.

En un principio, los begardos no tenían en común ninguna doctrina herética en particular, cada uno era de su padre y de su madre, pero hacia mediados del siglo XIV las autoridades eclesiásticas advirtieron que entre ellos existía cierto número de misioneros del Espíritu Libre, herejía que la Iglesia creía extinguida desde hacía más de un siglo. Recordemos que los hermanos del Espíritu Libre eran algo así como iluminados ultra anárquicos que hacían lo que les daba la gana bajo la excusa de estar inspirados por el mismísimo Creador. Los begardos tomaron el testigo.

El público objetivo de las prédicas begardas, como diría un publicista, fueron las mujeres, particularmente las viudas y solteronas de clase alta. Estas mujeres, conocidas como beguinas, tuvieron una especial importancia en la divulgación de la herejía del libre espíritu. Aunque vestían como religiosas -con una túnica de lana gris o blanca con capucha y velo- vivían a su aire: algunas de ellas vivían con sus familias o bien se ganaban el pan con su trabajo; otras vivían como mendigos errantes; muchas se constituyeron en comunidades religiosas no oficiales, conviviendo en una casa o grupo de casas.

Las beguinas se multiplicaron en la región que actualmente ocupa Bélgica, en el norte de Francia, en el valle del Rhin -Colonia contaba con doscientas beguinas-, en Baviera y en ciudades de Alemania central. Junto con los begardos fueron condenadas en el concilio de See de Mainz en 1259, repitiéndose la condena en 1310. Estos concilios excomulgaban a los “mendigos santos” que, en comportamiento y vestidos, se distinguían de los demás cristianos, y ordenaban que si se negaban a entrar en vereda debían de ser expulsados de todas las parroquias. Al mismo tiempo empezó a discutirse la ortodoxia de las beguinas. En el valle del Rhin se prohibió a los monjes que hablaran con una beguina a no ser en la iglesia o en presencia de testigos; si un monje entraba en una casa de beguinas podía ser castigado con la excomunión. En 1274, un franciscano de Tournai informó que, aunque no estaban preparadas en teología, las beguinas se deleitaban en nuevas y sutilísimas ideas. Habían traducido las Escrituras al francés e interpretado sus misterios, sobre los que hablaban de forma irreverente en sus reuniones y en las calles. Las Biblias vernáculas, llenas de errores y herejías, estaban a disposición del público en París. Un obispo del oriente de Alemania se quejaba de que estas mujeres eran perezosas charlatanas vagabundas que se negaban a obedecer a los hombres bajo pretexto de que Dios era mejor servido en libertad. En 1317 el obispo de Estrasburgo, después de recibir muchas quejas sobre la existencia de la herejía en su dioócesis, creó una comisión de investigación, pudiendo pronto enviar una carta pastoral basada en sus hallazgos a su clero. Se prohibía a los “hermanitos y hermanitas del Espíritu Libre” -vulgarmente conocidos como “beghards y mendigos de pan por el amor de Dios”-, so pena de excomunión, que llevaran sus vestiduras peculiares; igualmente se prohibía al pueblo bajo pena de excomunión que dieran limosnas a los así vestidos. Se declaraban confiscadas en favor de los pobres todas aquellas casas en las que se tuvieran reuniones heréticas. Debía entregarse toda la literatura herética y ser abandonado el grito limosnero de “pan por el amor de Dios”. El obispo hizo todo lo posible para asegurar que estas instrucciones se llevaran a buen termino. Visitó su diócesis y, al encontrar en todas partes signos de herejía, organizó la primera Inquisición Episcopal regular en suelo alemán. Aún así la doctrina del Espíritu Libre siguió propagándose.

En el siglo XVI, en medio de la tormenta de la Reforma, los Países Bajos y el norte de Francia vieron la propagación de una doctrina que fue llamada “libertad espiritual” pero que en todos sus puntos esenciales era todavía la antigua doctrina del Espíritu Libre -doctrina que resultaba tan antipática a los protestantes como a sus oponentes católicos. Un sastre llamado Quintín fundó a mediados del siglo XVI una secta que, según el historiador Norman Cohn, heredó todo el anarquismo de la Fraternidad medieval del Espíritu Libre. Quintin era oriundo de Hainaut y se le empezó a conocer en Lille en 1525; una década más tarde se dirigió a París con otro sastre y un sacerdote apóstata. En 1543 Quintin y otros tres compañeros consiguieron empleo como servidores en el séquito de la reina Margarita de Navarra, que les aceptó como místicos cristianos. Dos años más tarde Calvino escribió a Margarita previniéndola para que no se dejara engatusar por estos “libertinos espirituales”. Parece ser que finalmente Quintin fue expulsado de la corte, pues en 1547 estaba de nuevo en su patria. Como consecuencia de haber intentado seducir a cierto número de damas respetables de Tournai, fue descubierto, juzgado y quemado.

La ideología de la Fraternidad del Espíritu Libre y de sus sucesores los libertinos espirituales ha sido calificada como doctrina del anarquismo místico. En un esbozo escrito hacia 1330 en el principal centro de la herejía, Colonia, el místico católico Suso -del que ya hablamos en la primera entrega de esta serie- evoca con admirable concisión las cualidades del Espíritu Libre que le hacían esencialmente anárquico. Suso explica que un límpido domingo, mientras estaba sentado dedicado a la meditación, se le apareció a su espíritu una imagen ideal. Suso pregunta a la imagen (en plan Pimpinela): “¿De dónde vienes?”. La imagen contesta: “No vengo de ninguna parte”. “Dime, ¿quién eres?”. “No soy”. “¿Qué deseas?”. “No deseo”. “¡Esto es un milagro! Dime, ¿cómo te llamas?”. “Me llaman violencia sin nombre”. “¿Qué pretendes?”. “Llegar a una libertad sin trabas”. “Dime, ¿a qué llamas libertad sin trabas?”. “Cuando el hombre vive según todos sus caprichos sin distinguir entre Dios y él, y sin mirar ni hacia adelante ni hacia atrás…”

 es que debemos reconocer que estos místicos anárquicos eran muy suyos. La beguina vienesa Agnes Blannbekin, a la que podemos ver en la imagen de la izquierda, cuenta en su libro ‘Vida y revelaciones’, cómo “un día, al comulgar… comenzó a pensar en dónde estaría el prepucio de Jesucristo. ¡Y ahí estaba! De repente sintió un pellejito, como una cáscara de huevo, de una dulzura completamente superlativa, y se lo tragó. Apenas lo había tragado, de nuevo sintió en su lengua el dulce pellejo y, una vez más, se lo tragó. Y esto lo pudo hacer unas cien veces…”. Ni garganta profunda oigan.

Lo que distinguió a los adeptos al Espíritu Libre de todos los demás sectarios medievales fue, precisamente, su total falta de moralidad. Para ellos la prueba de salvación consistía en desconocer la conciencia y los remordimientos. Son innumerables sus afirmaciones que testimonian acerca de esta actitud: “El que atribuye a sí cualquier cosa que hace, y no la atribuye a Dios, está en la ignorancia, es decir en el infierno… El hombre no hace nada por sí mismo”. Y también: “El que reconoce que Dios hace en él todas las cosas no peca. Pues no debe atribuirse a sí sino a Dios todo lo que hace”. “Un hombre que tiene conciencia es demonio, e infierno, y purgatorio, atormentándose a sí mismo. Quien es libre de espíritu escapa de todas esas cosas”. “Nada hay que sea pecado, a excepción de aquello que se piensa que es pecado”. “Uno puede estar tan unido a Dios que haga lo que haga no puede pecar”. “Pertenezco a la libertad de la naturaleza, y hago todo lo que me pide mi naturaleza… soy un hombre natural”. “El hombre libre tiene toda la razón cuando hace lo que le agrada”. Estos dichos son típicos; y sus consecuencias, claras. Todo acto realizado por un miembro de esta minoría era llevado a cabo “no en el tiempo sino en la eternidad”; poseía un gran significado místico y su valor era infinito. Esta era la secreta sabiduría que un adepto reveló a un estupefacto inquisidor con la seguridad de que había sido “tomada de las más interiores profundidades del abismo divino” y mucho más digna que todo el oro del tesoro municipal de Erfurt. “Sería mucho mejor”, añadió, “que el mundo fuera destruido y pereciera totalmente a que un ‘hombre libre’ se abstuviera de un acto que le pida su naturaleza”. Naturalmente, ya podemos imaginarnos cómo acabó este hombre libre y sincero.

Existe una descripción, escrita a mediados del siglo XIV y basada probablemente en la observación directa, de una beguina recitando su catecismo al beghard hereje, su director espiritual: “Cuando un hombre ha alcanzado realmente un conocimiento grande y superior ya no está obligado a observar ninguna ley ni mandamiento, pues se ha hecho uno con Dios. Dios ha creado todas las cosas para que sirvan a tal persona, y todas las cosas que Dios ha creador son propiedad de este ser… Tomará de todas las criaturas todo cuanto su naturaleza desee o anhele, y no tendrá ningún escrúpulo, porque todo cuanto es creado es suyo. Todos los pueblos y criaturas están obligados a servir a un hombre al que sirve el mismo cielo; y si cualquiera desobedece, sólo él es culpable”.

Inmediatamente después de su éxtasis, sor Catalina recibe un consejo concebido en estos términos: “Ordenarás a todas las cosas creadas que te sirvan según tu voluntad, a mayor gloria de Dios… Llevarás todas las cosas hacia Dios. Si deseas usar todas las cosas creadas tienes derecho a hacerlo, pues toda criatura que uses la retornarás a su origen divino”.

Para los “hermanitos y hermanitas del Espíritu Libre” eso de usar valía lo mismo para apropiarse de lo ajeno que para tirarse a cualquiera que se moviera. Según un avezado adepto si una mujer era “usada” por un hermano del Espíritu Libre se volvía más casta que antes, y si anteriormente había perdido su virginidad ahora la recobraba. Se decía que una de las señales más seguras de los “sutíles de espíritu” era, precisamente, la facilidad de darse a la promiscuidad sin temor a Dios ni remordimientos de conciencia. Algunos adeptos atribuían un valor trascendental, casi místico, al acto sexual realizado por ellos. Los Homines intelligentiae llamaban al folleteo “las delicias del paraíso” o la “subida” (término usado para la ascensión en el éxtasis místico); y los “amigos de sangre” turingios de 1550 lo consideraban como un sacramento al que llamaban “cristería”. Para todos ellos el adulterio estaba dotado de un valor simbólico como afirmación de su emancipación. Nunca mejor dicho fornicaban como locos.

Además practicaban el nudismo de interior, es decir, iban por las calles en pelota picada. Argumentaban que habían retornado al estado de inocencia que existió antes de la caída. El agudo comentador Charlier de Gerson vio con toda claridad la conexión entre el culto a Adán y las prácticas de los hermanos del Espíritu Libre. Hizo notar que los turlupins iban a menudo desnudos, diciendo que nadie debe avergonzarse de ninguna cosa que sea natural. Pensaban que una parte esencial del estado de perfección sobre la tierra era el ir desnudos y sin remordimientos, como Adán y Eva en el jardín del Edén.

Resulta muy curioso que la misma convicción de su infinita superioridad fue la que primero convirtió a los adeptos al Espíritu Libre en portadores de una doctrina social revolucionaria. Hacia el siglo XIV al menos algunos de ellos habían decidido que el estado de inocencia no podía reconocer la institución de la propiedad privada. En 1317 el obispo de Estrasburgo comentaba: “Creen que todas las cosas son propiedad común, de donde deducen que el robo les está permitido”. Y en efecto así era. Trampas, robos, asaltos a mano armada, para ellos todo estaba justificado. Juan de Brünn reconoció que él había cometido todas estas cosas y dijo que eran normales entre los doscientos begardos que conocía; y hay pruebas de que realmente se trataba de prácticas comunes de la fraternidad de Espíritu Libre. “Deja que tu mano coja todo lo que vea y desee”, era una de sus máximas.

El mangoneo y el desprecio por la propiedad privada perduró hasta los siglos XVI y XVII. Los libertinos espirituales descritos por Calvino defendían que nadie debía poseer ninguna cosa y que cada uno debía tomar todo lo que pudiera. Si todo esto hubiera sido simplemente una justificación del robo hubiera tenido poca importancia, pues los ladrones profesionales no tienen necesidad de doctrina y las demás personas no hubieran resultado afectadas. Pero, de hecho, lo que los hermanos del Libre Espíritu tenían que decir respecto a la propiedad privada tenía amplias implicaciones. “Dejad, dejad, dejad vuestras casas, caballos, bienes, tierras, dejadlo, haced cuenta de que nada es vuestro, tened todas las cosas en común…”. La semilla anarcomunista volvía a germinar.

Posted by isisdiosa99 at 12:03:47 | Permalink | No Comments »

Paul Karamerer, biólogo austriaco, en 1924 demostró con experimentos sobre las salamandras la herencia de los caracteres adquiridos. Acusado injustamente por sabios americanos de haber falsificado sus experimentos, fue “suicidado” por los nazis, porque su descubrimiento arruinaba el dogma de la inmutabilidad genética. Los sabios occidentales mantuvieron el dogma, negándose en rehabilitar a Kammerer.

  •  

Antoine Béchamp, profesor de toxicología y química medical en la Facultad de Montpellier, descubrió el elemento primordial de la célula viva que llamó “microzyma”. Demostró que podía volverse bacteria o virus y dedujo de ello “el polimorfismo bacteriano”. Denunció el monomorfismo erróneo de Pasteur que llevaba la medicina hacia la fobia del microbio y el olvido del terreno.

Jules Tissot, profesor de fisiología general en el Museo de Historia natural, confirmó las tesis del precedente y dio las pruebas por fotografías de alta precisión de células vegetales y animales. Demostró que los organismos vivos, cuando se alteran, producen ellos mismos bacterias patógenas y virus. Fue víctima, al igual que Béchamp, de la conspiración del silencio mantenida por los partidarios de Pasteur.

  •  

René Quinton, científico autodidacto, descubrió la similitud de nuestro medio interno con el agua del mar. En 1906 adquirió una fama mundial al salvar, con inyección de agua del mar isotónica, millares de niños padeciendo cólera y demostró que la transfusión de agua del mar podía sustituir la transfusión de sangre. A principios del siglo XX, proclamado el “Darwin Francés” por la prensa americana fue totalmente borrado de nuestra cultura.

Marcel Ferru, profesor de ciencias fundamentales, numerario de la cátedra de clínica médica infantil en la Escuela de Medicina en Poitiers, demostró la ineficacia y nocividad de la vacuna antituberculosa BCG. Luchó con energía pero sin éxito contra su obligación legal adoptada en 1958. ( Francia es el único país de Europa donde esta vacuna nociva sigue siendo obligatoria ).

Edgard Nazare, Ingeniero de aeronáutica, inventó la “central aerotérmica” constituida de una torre con vórtice capaz de crear un ciclón artificial permanente y produciendo una energía gratuita y no contaminante dimanando directamente de la radiación solar. Nunca consiguió que se experimentara su invento “molesto” por la EDF y los poderes públicos partidarios de lo nuclear. Todos sus demás inventos quedaron igualmente ocultados.

Marcel Macaire, doctor en ciencias, consiguió resolver las ecuaciones planteadas por Einstein, evidenció el autoconfinamiento de la energía ( que confirma la identidad de la materia con la energía ), explicó el orden del reparto de todos los cuerpos celestes y demostró que el efecto Doppler no se aplica al fotón y que, por consiguiente, el dogma de la expansión del universo es erróneo. Sus tesis todavía no han sido aceptadas por el mundo científico.

René Jacquier, ingeniero químico, en 1947 elucidó, el proceso terapéutico del “viaje en avión” contra la tos ferina, lo que le permitió inventar un procedimiento catalítico de oxigenoterapia eficaz contra muchas enfermedades, particularmente cardiovasculares. Demostró también la eficacia de la oxigenación en tratamiento anticanceroso tanto preventivo como curativo. Su tesis nunca fue reconocida, ni siquiera examinada, por las Academias de ciencias y medicina.

Antoine Priore, ingeniero en electrónica, construyó en 1950 una máquina iradiando campos eléctricos y electromagnéticos capaces de destruir los tumores y las células cancerosas. A pesar de las pruebas indiscutibles de su eficacia y del apoyo de profesores de la universidad de Burdeos así como de Jacques Chaban-Delmas, su aparato, con el cual curó en secreto a muchos enfermos, nunca fue aceptado por los cancerólogos parisinos.

Jean Solomidès, doctor en medicina, licenciado en ciencias, diplomado de bacterología, investigador en el Instituto Pasteur durante ocho años, inventó los “fisiatrones sintéticos” destructores de las células cancerosas. Despedido del Instituto, abrió su propio laboratorio y curó a muchos cancerosos. El Colegio de médicos le persiguió por “ejercicio ilegal de la medicina” porque era médico de la Universidad ( y no de la Facultad ) y por consiguiente, a pesar de tener todas las competencias necesarias, no podía figurar en el colegio para ejercer.

  •  

Mirko Beljanski, doctor en ciencias, investigador en biología molecular en el Instituto Pasteur durante treinta años, luego en la Facultad de Farmacia durante diez años, inventó productos eficaces contra el cáncer ( prescritos a François Mitterand con efectos favorables ) y tambien contra el sida. Creó su propio laboratorio y consiguió curar a muchos enfermos. Denunciado por el colegio de farmacéuticos, fue detenido, esposado, con 73 años de edad, luego perseguido judicialmente hasta que se murió.

  •  

Loic Le Ribault, doctor en ciencias, inventor de la exoscopia ( técnica de análisis con microscopio electrónico de barrido ) antiguo experto en microanálisis ante el Tribunal de Apelación de Burdeos, renovador de la policía científica francesa y creador del G5, eficaz en terapia contra muchas enfermedades, que nunca consiguió hacer aceptar en Francia ( en cambio lo consiguió en el Commonwealth ). Perseguido por el colegio de médicos, fue encarcelado durante dos meses.

Posted by isisdiosa99 at 11:51:59 | Permalink | No Comments »

Sólo los herejes hacen progresar la ciencia al contrario de los inquisidores y los ortodoxos petrificados en sus dogmas.


Todos los grandes descubrimientos, las revoluciones científicas proceden de los herejes. Una de las mayores cualidades de esos hombres y esas mujeres, brillantes y valientes, es indudablemente su gran independencia de espíritu, en comparación con sus contemporáneos, que les permite poner en duda el dogma oficial y elaborar unas teorías más conformes con las nuevas observaciones.

En vez de decir “no comprendo, por lo tanto es imposible“, cuando las teorías vigentes se muestran incapaces de explicar los hechos, se buscan una nueva teoría.

Los herejes tienen otro punto común, son intimamente convencidos, contra viento y marea, de acercarse un poco más a la verdad.

Mientras que, los ortodoxos, en vez de poner en duda las teorías establecidas, como mucho, intentan encajar los hechos en los dogmas con una interpretación personal. También se encomiendan a su dios azar, y en el futuro conseguirán sin falta una explicación que, por supuesto, entrará en el marco establecido actual ( ¡ duerman en paz estamos vigilando ! )

En el peor de los casos, asustados por unas implicaciones que les superan, ignoran, desacreditan, disimulan, sin siquiera molestarse en estudiarlos, todos los descubrimientos imposibles. Vamos a presentar algunos de ellos en este sitio.

En los diferentes campos de la ciencia, los grandes adelantos siempre se hicieron en el dolor y los cismas. Y gracias al valor y al tesón de grandes descubridores en contra de la “masa científica” ( los no descubridores, algunos profesores y otros reacios al cambio… ) unas aberturas significativas fueron reconocidas al final, para imponerse a su vez como nuevo dogma.

De vez en cuando, los científicos tendrían interés a volver a leer la historia de las ciencias para recordar que, en todas las épocas, muchas teorías improbables del ayer se convirtieron en verdades del mañana.

Efectivamente, esos mismos que se jactan de fría objetividad, los campeones de la racionalidad, se convierten rápidamente en inquisidores radicales, y cuando se quedan cortos de argumentos, manejan el insulto y el menosprecio. En cuanto a los que se atreverían a interesarse por esos fenómenos extraños, dirán de ellos que han “perdido la brújula“.

Se hecha el anatema a los herejes, se les excomulga, a falta de quemarlos, se les castiga “universitariamente”, se les niega dirigir doctorandos, recibir becas, trabajar en laboratorios y los comités de lectura de las grandes revistas científicas les amordazan al impedir sus publicaciones.

Estas artimañas, opuestas a la ética científica, no son siempre el fruto de la falta de honradez, porque muchas veces lo que está en juego puede inhibir a los espíritus más brillantes, y una conclusión embarazosa puede falsear el estudio de un fenómeno ; además, “si uno se equivoca, parece tonto“, entonces prudencia, incluso ignorancia…Uno tiene más apego a su fama que al respeto de la verdad. Resulta más fácil para los científicos ignorar las pruebas molestas y seguir en la línea establecida, en vez de construir un nuevo modelo basado en excepciones.

La mayoría de los científicos prefiere ignorar los fenómenos que plantean problema.
Entonces, la política de la silla vacía deja la puerta abierta de par en par a los charlatanes, encantados de poder sacar partido de la credulidad de los curiosos interesados por los fenómenos dichos “insólitos”.
Esta situación permite a los científicos negarse a todo debate, toda investigación, con cabeza alta y sentimiento del deber cumplido. En efecto, no pueden meterse en seudociencia, porque es el sector de los charlatanes.
No salimos del círculo vicioso.

Sin embargo, ¿ no sería la verdadera vocación de los científicos, tributarios de una constante abertura de espíritu, enunciar hipótesis deducidas del estudio racional de los hechos ? con reservas mentales mínimas ( los que pretenderían no tenerlas son unos embusteros ). Cuando ellos no tienen ni idea del método de investigación de tales descubrimientos imposibles, niegan la evidencia de los hechos y rechazan unos campos de investigación novadores, sólo porque amenazan quebrantar sus sacrosantos dogmas.

Picudo rojoMiguel ServetHerejes

Posted by isisdiosa99 at 11:49:42 | Permalink | No Comments »

Condena a la hoguera a un canónigo judaizante en Córdoba en 1484

SENTENCIA

En la muy noble y leal ciudad de Córdova, en sábado veinte y ocho del mes de Febrero, año del nacimiento de nuestro Salvador Jesuchristo de mil cuatrocientos ochenta y cuatro; estando fuera de los Alcázares Reales de esta dicha ciudad junto á la torre de los Leones, lugar situado donde los Reverendos Padres é Señores inquisidores de nuestra santa fe cathólica por la authoridad Apostólica y jurisdicción ordinaria, conviene á saber, Fray Martin de Cazo de la Orden de San Francisco Maestro de Sagrada Theología, y el Doctor Pedro Martinez de Barrio y el Bachiller Anton Ruiz de Morales Canónigos de la Yglesia de esta ciudad, y el Licenciado Juan Gutierrez de las Cañas, é Don Lope de Sandoval Dean, é Don Francisco de Balenzuela Arzediano de Córdova, é Don Pedro Gonzales de Hozes Chantre, é Simon Lopez de Valenzuela é Luis Mendez de Morales Canónigos, con otros muchos Clérigos é Beneficiados de la dicha Yglesia Cathedral é el virtuoso Señor Garcia Fernandez de Manrrique del Consejo del Rey é Reyna nuestros Señores é su Correjidor é Justicia Mayor en esta Ciudad é su tierra, con otros muchos cavalleros de los del Regimiento de esta dicha Ciudad, é el discreto varon el Bachiller Pedro de la Cuba Alcalde de la Justicia, é el Reverendo Señor Don Rodrigo de Soria obispo de Málaga, todos generalmente estando en su congregacion é ayuntamiento para denunciar é declarar por erege judaizado apostatado á Pedro Fernandez de Alcaudete Thesorero de la dicha Yglesia Cathedral de esta Ciudad; é porque, assi denunciado, el dicho Señor Obispo lo degraduase de las órdenes ecclesiásticas que tenia: é luego los dichos Señores Padres Inquisidores sedendo pro Tribunali mandaron á los discretos notarios Anton Sanchez de Córdova Notario Apostólico, e á Mateo de la Cuba escribano público de esta dicha Ciudad, é escribanos de esta Audiencia, é que leyesen públicamente delante del pueblo, como que estava presente á los autos é méritos del proceso hecho contra el dicho Pedro Fernandez Thesorero herético, Judaizado Apóstata é descomulgado, é los delitos é eccesos por él cometidos contra nuestra Santa fe cathólica, segun la deposicion de los testigos que contra el dicho Pedro Fernandez depusieron por sus dichos é segun la confesion por él confesada; por el cual dicho Proceso pareció el dicho Pedro Fernandez Thesorero aver caido en error de herejía é judaizado, teniendo como tenia al público nombre de christiano, ó en el secreto nombre de Judio, é con el que siempre celebraba las fiestas expecial de la Ley de Moises, diciendo que aquella era la verdadera Ley por Dios dada, é que la Ley de Christo que era burla; é no solamente contento de esto, ya mas constava de hazer ayuntamiento con Judios de señal é con otros semejantes herejes, como predicándoles la Ley de Moises; el qual guardó las pasquas de las Cabanuelas é del Pan censeño, é del querno; é los ayunos en especial siempre comia carne, é guardava los sávados, mandándole comer en viernes por el sábado, encendiendo los candiles antes del sol puesto, los quales ardian hasta que de suyo se apagavan; y quando iva á la Yglesia no hacia aquel acatamiento al Sagrario que devia, sino falso, por dar á entender que era Christiano; é no creia que la hostia consagrada era Dios verdadero; é quando se vido en agonias é travajos, ayunó por sí é hizo ayunar á otras personas los ayunos de la Ley vieja, por los quales fuere librado de penar; é no creia verdaderamente en lo que la Santa Madre Yglesia creo y tiene, sino de todo punto convencido en su herejia é inducimiento, en el qual siempre permaneció fasta la ora que fue traido al Consistorio donde los Señores Padres é Inquisidores estaban.

Posted by isisdiosa99 at 11:47:04 | Permalink | No Comments »